Hacía ya
varios años que me había decidido por la vida sacerdotal, lo hablaba con el P.
Eduardo, era él quien guiaba mis pasos hacia ese nuevo estilo de vida. Un
estilo de vida que había descubierto y que me llenó el alma desde el primer
momento. Me había aconsejado esperar, pues había recibido hacía muy poco mi
primera comunión, y ya estaba decidido por la vida sacerdotal, me quedaba un
tiempo de maduración, de espera, de encontrar el camino que Dios marcaba y
hacia dónde debía ir.
Eduardo te
conocía desde hacía más tiempo, y, aunque yo ya te había visto en alguna Misa o
conferencia no te conocía. Eduardo sabía de tu vida porque venía seguido a
Arrecifes, al Hogar donde había una Comunidad de Consagradas o de Laicas como
las llamaban los del pueblo. Una Comunidad que había nacido hace poco y que vos
guiabas. A ellas sí las conocía, porque cuando comencé la vida cristiana lo
hice en la Capilla Santa María Goretti, ahí estaba el Hogar Santo Domingo Savio
y las “Chicas” eran las que acompañaban el Grupo de Jóvenes.
Llegado el
momento Eduardo me habló de vos, de la Fundación y de tu idea de abrir una Casa
de Formación en Arrecifes, es decir un Seminario. Me contó un poco de tu
historia y de lo que intentabas con esa Fraternidad, y que a él particularmente
le gustaba porque te centrabas más en la persona que en el estudio, porque veía
que había que ayudar a los jóvenes a madurar, a personalizarse, y él creía que
eso me haría mucho mejor.
Claro que ese
año, 1985, fue un poco complicado para mí. Cambié de trabajo, me llamaron para
hacer el Servicio Militar que, aunque estuve sólo 15 días fueron una eternidad.
Cuando volví tuve que ser operado de apendicitis y, al tiempo, 45 días con
hepatitis. Todo un montón de enfermedades que me impidieron concretar un
encuentro con vos. Pero, a la vez, todo un tiempo que me ayudó a profundizar
una relación muy especial con Dios, porque hubo días muy especiales de soledad,
de oscuridad, de angustia, porque veía que se pasaba el tiempo y no podía llegar
a concretar aquello que había decidido hace tanto.
Finalmente, a
mediados de octubre del 85 pude concretar un encuentro contigo. Llamé a la Casa
de las Chicas y me dieron una hora para charlar, tenía que ser después del
trabajo, y con tiempo para tomar el colectivo y llegar a la Villa. Así que
pudimos encontrar una hora. Pasaron unos días porque como no vivías en
Arrecifes, había que esperar que hicieras un viaje al pueblo, o que vinieras,
porque ya estabas preparando todo para instalarte.
Para mí fueron
días muy largos no sólo por la ansiedad del momento, sino por los nervios, ¿qué
te tenía que decir? ¿cómo hablar con vos? No tenía idea de qué era lo que te
iba a decir, cómo me presentaría… tantas cosas rondaban mi corazón y mi cabeza
que no podría hacer un recuento de todas. Pero de algo estaba seguro: serías el
comienzo de una nueva etapa en mi vida.
Y llegó el
día. Llegué a la Casa de las Chicas y saliste a recibirme, mi hiciste pasar a
tu despacho que lo tenías instalado en la habitación de adelante, a la derecha
del pasillo. Una habitación pequeña, un escritorio, tus libros, y el famoso
sillón de las decisiones (así le llamaban las Chicas, después me enteré)
La charla fue
sencilla porque ya Eduardo lo había puesto al tanto de mi vida, y creo que habló
demasiado de mí porque sabías muchas cosas, tantas que poco tuve que hablar de
lo que había vivido. Me dijiste que Eduardo había hablado muchas veces de mí
con vos. Así que no tenía mucho para contar, además que tampoco era de contar
mucho, adivinaste más de lo que te conté.
Pero me sentí
muy seguro, muy tranquilo a pesar de mis nervios. Me contaste de qué era la
Fundación y la Fraternidad Mariana Masculina, de cuáles eran tus pretensiones
de abrir la Casa en Arrecifes, y que si después del Año Introductorio no me
gustaba podría salir e irme donde viera que Dios me pedía. Me hablaste de cómo
serían los días y de las cosas que haríamos, para finalmente decirme que
comenzaría todo el 15 de enero, y que si quería las puertas estarían abiertas
para recibirme que, mientras tanto, si quería, vendrías y te instalarías en la
Casa, que si quería podía venir en cualquier momento.
Ese día cambió mi vida, comencé a vislumbrar una nueva etapa, una etapa que había soñado desde hace un par de años, y que vos, con tanta naturalidad le diste un lugar para hacerla realidad.
Ese día cambió mi vida, comencé a vislumbrar una nueva etapa, una etapa que había soñado desde hace un par de años, y que vos, con tanta naturalidad le diste un lugar para hacerla realidad.
