viernes, 2 de octubre de 2015

Algo sobre Santa Teresita y los Ángeles Custodios

Santa Teresita de Lisieux y los Santos Ángeles Custodios llegaron a mi vida por medio de Efraín. La Historia de un alma fue el primer libro que me dio el padre para leer, y con esa lectura comencé el año de espiritualidad.
Es que para Efraín Teresita (como le decíamos en familia) era alguien muy importante en su vida sacerdotal, porque cuando comenzó su Noviciado en Chile, en la SAC, hizo con ella una alianza de amor. Lo hizo porque se conocía a sí mismo y necesitaba alguien que, desde el Cielo, lo acompañara y fortaleciera para vivir su vocación. Así Santa Teresita fue para él un modelo de vida muy claro y concreto.
La infancia espiritual fue un rasgo muy característico de su espiritualidad que, aunque no lo pareciera, tenía fuertes raíces en él e intentaba, contra viento y marea, poder transmitir la fuerza de este Caminito. Confianza y abandono en el Señor y María, han sido dos pilares que Teresita fue legando en su vida, y que él, a su vez, fue legando en quienes lo escuchábamos y seguíamos (y seguimos) su espiritualidad.
En ese espíritu de niños que fue conquistando a lo largo de los años, también incluyó de modo constante a su Santo Ángel de la Guarda, a quien le tenía mucha devoción porque confiaba en su compañía, en su cercanía y en aquello que decía Jesús: que ellos estaban día y noche en la presencia del Padre Celestial, y por eso sabían qué era lo que Dios quería de cada uno de nosotros. Fue Efraín quien me enseñó que el Ángel de la Guarda tenía un nombre, el de él se llamaba Bernardo. De este modo podía tener un diálogo más personal con su Ángel.
Eran esta pequeñas cosas de la vida cotidiana que uno podía disfrutar en el diálogo con Efraín, cuando íbamos de viaje, cuando salíamos a algún lado, o simplemente cuando estábamos tomando unos mates, o en alguna charla sin tiempo y sin tema.
Su espontaneidad para hablar de las cosas de Dios era, para mí, algo maravilloso pues lo hacía con total naturalidad. No había nada en su espiritualidad que lo guardara en secreto, porque sabía que lo que él había conquistado era por la Gracia de Dios, aunque también le implicaba mucho esfuerzo personal de negación y de entrega, pero que no habría sido nada si no lo hubiera recibido de lo alto.

Así, los que hemos estado bajo su tutela y formación sabemos que era muy importante para él los pequeños gestos realizados con amor, desde el secar la pileta del baño después de lavarnos la cara o los dientes, hasta el saludo de la mañana y la sonrisa de cada día. Aunque muchas veces fuera exigente y duro en sus enseñanzas y correcciones, sabíamos que siempre contábamos con la cercanía del padre que escucha, comprende y acompaña, pero era constante en la vivencia de los pequeños gestos de amor que tenía con todos y que quería que todos lo pudiéramos aprender y vivir.

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