viernes, 18 de septiembre de 2015

Mi primer encuentro con Efraín

Hoy que hace 30 años que Efraín se fue a vivir a Arrecifes quería recordar mi primer encuentro con él que fue a menos de dos meses de estar en Arrecifes. Ahora me doy que apenas se instaló ya estaba buscándolo.... Bueno, así fue la historia...

Hacía ya varios años que me había decidido por la vida sacerdotal, lo hablaba con el P. Eduardo, era él quien guiaba mis pasos hacia ese nuevo estilo de vida. Un estilo de vida que había descubierto y que me llenó el alma desde el primer momento. Me había aconsejado esperar, pues había recibido hacía muy poco mi primera comunión, y ya estaba decidido por la vida sacerdotal, me quedaba un tiempo de maduración, de espera, de encontrar el camino que Dios marcaba y hacia dónde debía ir.
Eduardo te conocía desde hacía más tiempo, y, aunque yo ya te había visto en alguna Misa o conferencia no te conocía. Eduardo sabía de tu vida porque venía seguido a Arrecifes, al Hogar donde había una Comunidad de Consagradas o de Laicas como las llamaban los del pueblo. Una Comunidad que había nacido hace poco y que vos guiabas. A ellas sí las conocía, porque cuando comencé la vida cristiana lo hice en la Capilla Santa María Goretti, ahí estaba el Hogar Santo Domingo Savio y las “Chicas” eran las que acompañaban el Grupo de Jóvenes.
Llegado el momento Eduardo me habló de vos, de la Fundación y de tu idea de abrir una Casa de Formación en Arrecifes, es decir un Seminario. Me contó un poco de tu historia y de lo que intentabas con esa Fraternidad, y que a él particularmente le gustaba porque te centrabas más en la persona que en el estudio, porque veía que había que ayudar a los jóvenes a madurar, a personalizarse, y él creía que eso me haría mucho mejor.
Claro que ese año, 1985, fue un poco complicado para mí. Cambié de trabajo, me llamaron para hacer el Servicio Militar que, aunque estuve sólo 15 días fueron una eternidad. Cuando volví tuve que ser operado de apendicitis y, al tiempo, 45 días con hepatitis. Todo un montón de enfermedades que me impidieron concretar un encuentro con vos. Pero, a la vez, todo un tiempo que me ayudó a profundizar una relación muy especial con Dios, porque hubo días muy especiales de soledad, de oscuridad, de angustia, porque veía que se pasaba el tiempo y no podía llegar a concretar aquello que había decidido hace tanto.
Finalmente, a mediados de octubre del 85 pude concretar un encuentro contigo. Llamé a la Casa de las Chicas y me dieron una hora para charlar, tenía que ser después del trabajo, y con tiempo para tomar el colectivo y llegar a la Villa. Así que pudimos encontrar una hora. Pasaron unos días porque como no vivías en Arrecifes, había que esperar que hicieras un viaje al pueblo, o que vinieras, porque ya estabas preparando todo para instalarte.
Para mí fueron días muy largos no sólo por la ansiedad del momento, sino por los nervios, ¿qué te tenía que decir? ¿cómo hablar con vos? No tenía idea de qué era lo que te iba a decir, cómo me presentaría… tantas cosas rondaban mi corazón y mi cabeza que no podría hacer un recuento de todas. Pero de algo estaba seguro: serías el comienzo de una nueva etapa en mi vida.
Y llegó el día. Llegué a la Casa de las Chicas y saliste a recibirme, mi hiciste pasar a tu despacho que lo tenías instalado en la habitación de adelante, a la derecha del pasillo. Una habitación pequeña, un escritorio, tus libros, y el famoso sillón de las decisiones (así le llamaban las Chicas, después me enteré)
La charla fue sencilla porque ya Eduardo lo había puesto al tanto de mi vida, y creo que habló demasiado de mí porque sabías muchas cosas, tantas que poco tuve que hablar de lo que había vivido. Me dijiste que Eduardo había hablado muchas veces de mí con vos. Así que no tenía mucho para contar, además que tampoco era de contar mucho, adivinaste más de lo que te conté.
Pero me sentí muy seguro, muy tranquilo a pesar de mis nervios. Me contaste de qué era la Fundación y la Fraternidad Mariana Masculina, de cuáles eran tus pretensiones de abrir la Casa en Arrecifes, y que si después del Año Introductorio no me gustaba podría salir e irme donde viera que Dios me pedía. Me hablaste de cómo serían los días y de las cosas que haríamos, para finalmente decirme que comenzaría todo el 15 de enero, y que si quería las puertas estarían abiertas para recibirme que, mientras tanto, si quería, vendrías y te instalarías en la Casa, que si quería podía venir en cualquier momento.
Ese día cambió mi vida, comencé a vislumbrar una nueva etapa, una etapa que había soñado desde hace un par de años, y que vos, con tanta naturalidad le diste un lugar para hacerla realidad.




Hoy me regalaron esta imagen, esa hoja de calendario estaba en el esquinero de su habitación, recordaba el día que había llegado a la Casa: 18 de septiembre de 1985.


1 comentario:

  1. Yo conocí al P. Efrain en el año 1974 con un grupo de amigos en la Medalla Milagrosa de Caballito. Bellos recuerdos y espero que él esté bien. Gracias por esta publicación. Saludos cordiales. Maria Inés Fernández

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